Dos se asoma a la esquina y ve venir a un hombre de sombrero gris. Lleva en su cara una pequeña sonrisa. Se ve casi más ansioso que ellos, que se ubican en sus puestos (¡Dos, guardá la escalera!).
Buenas tardes señor, bienvenido. ¿Se estará preguntando qué es esto? Es un libro, libro. Quiere invadir Tres; pero ante la aterradora mirada de Uno y Cuatro se calla la boca y vuelve detrás del mostrador, con la sonrisa oculta detrás de sus dientes.
El hombre (cuyo número desconozco) toma algunos libros y le da a Tres todos los tinelys que hace falta para pagarlos. Les dice que no quiere bolsa y se los lleva apilados en sus brazos.
Al salir le sonríe a una niña que juega a la Rayuela y deposita en el buzón de la cuadra unas cartas a una señorita en Paris. Su mundo le encanta, ha salido el sol.
Fin.
Entro al mundo de los otros y se me presentan los cuatro individuos. Cuando les digo lo que estoy buscando me miran sorprendidos y me piden un teléfono para avisarme cuando lo tengan.
Después de un tiempo (se me haría muy simbólico especificar cuánto) me llaman. Me visto apurado y tomo el auto. Al llegar me esperan todos en la puerta y me hacen bajar al depósito. Al lado de una cinta y un cinturón está lo que pedí. Los llevo apilados. Antes de salir les pido un diccionario y anoto algunas definiciones. Tres me dicta sonriente y sorprendido al ver qué dice la Academia de Televisión e Idioma acerca de “maldades, suerte, superior”.
Me subo al auto feliz, ha salido el sol. Ahora tengo tiempo, así que para volver a casa hoy tomo la Autopista del Sur.
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