jueves, 29 de diciembre de 2011

Los otros

Su mundo les encanta. El día es soleado. Son millones. Se reparten en veredas angostas en competencias tácitas como quién va más acelerado, quién toca más la bocina, quien tiene más tareas, quién pasa menos tiempo con su familia…

Setecientos nueve corre con tacos para alcanzar un colectivo; Treinta y siete frena para que una dama suba a su colectivo; Seiscientos sesenta y seis hace maldades (*1) en una esquina oscura; Ochenta se enorgullece de ser un número redondo; Trece no sale del diván de su terapeuta (397), que intenta convencerlo de que no trae mala suerte (*2).

Cada uno (no sólo uno, sino también siete, ocho, nueve, etc.) con sus vaivenes, cada uno (no sólo uno, sino también siete, ocho, nueve, etc.) con sus complicaciones, todos aportan algo a la rueda de un engranaje superior (*3).

Su mundo les encanta (de otra manera harían algo realmente por cambiarlo) y el día es soleado. Aunque en esa cuadra veo un hombre preocupado. A aquel hombre de sombrero gris algo lo inquieta; no le gusta tanto, evidentemente, ese mundo. Lleva un ritmo más cansino, pero sabe a dónde se dirige; da la vuelta en esa esquina y al ver una marquesina su sombrero salta de emoción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario